El mexicano Slim Helú se ha convertido en el más rico del mundo

por Paola Visca – Hasta hace pocos meses el magnate mexicano Carlos Slim Helú se contentaba con ser la segunda persona más rica del mundo, según la última edición de la lista de multimillonarios que la revista Forbes publica todos los años. Pero una actualización de los millones de Slim realizada por un medio de ese país en Internet lo colocó hace pocas semanas a la cabeza de la exclusiva nómina.

La noticia corrió como reguero de pólvora: ¡Slim ya había alcanzado el primer lugar con la inimaginable cifra de 67.800 millones de dólares en su fortuna! América Latina, y más en particular México habían alcanzado un record, pero no cualquier record, sino nada menos el de tener la persona con más dinero en el mundo, superando con creces al que por más de una década ostentó el primer lugar, el norteamericano creador de Microsoft, Bill Gates. Por un lado uno podría pensar que los más ricos deberían encontrarse en América del Norte o Europa, y por lo tanto sorprenderse con la noticia. En realidad sucede que la gran mayoría de los millonarios de la lista de Forbes se encuentran en esas regiones, pero por otro lado no resulta tan llamativo si consideramos que la persona más rica del mundo se encuentra en la región más desigual del globo, con casi 223 millones de pobres en un total de 560 millones de personas, lo que representa casi un 40% de la población latinoamericana (CEPAL 2006).

Este tipo de contradicciones se refleja también en las reacciones que esta noticia ha producido en la opinión pública de América Latina. Por un lado están aquellos que sienten orgullo de que un latinoamericano haya llegado “a la cúspide del mundo”, mientras muchos otros no se alegran para nada con la noticia. Ven cómo un solo individuo se enriquece de una manera indescriptible y exponencial, mientras millones de personas en la región viven con un ingreso mínimo de uno o dos dólares diarios, y menos también. En su país México, se calcula que la mitad de la población vive con menos de cinco dólares al día.

No se trata de decir que es malo tener dinero; cualquier persona que trabaja duro tiene derecho a poder vivir de manera decente, ojalá todos los trabajadores pudieran estar en esa situación. El asunto es ¿cuál es el límite? ¿Hasta donde es bueno y útil sobre todo, el hecho de seguir multiplicando millones segundo tras segundo como si fuera un juego? Llega un punto en que las fortunas son tan inmensas que resulta obsceno, en especial para aquellos que no tienen nada. Ni esa persona ni sus hijos, ni los hijos de los hijos tendrán tiempo suficiente para poder gastar todo ese dinero. ¿Para qué entonces seguir concentrando la riqueza? Uno se pregunta cuál es la razón por la que una persona busca seguir y seguir incrementando su fortuna más allá de límites que parecen hacerla infinita (virtualmente lo es). ¿Es que existen otras razones, además del propio ejercicio de acumular millones para continuar con esta carrera hacia más y más riqueza? Sea como sea, la realidad muestra que entre marzo y junio de 2007 las acciones de América Móvil, el mayor operador latinoamericano de teléfonos móviles controlado por Slim, se elevaron un 27%, ¡aumentando su fortuna en la módica suma de 18.800 millones de dólares!, comparando la cifra actual de su fortuna con la que ostentaba en marzo de este año cuando salió la última lista de Forbes (49.000 millones).

Desde hace mucho tiempo las cifras de Slim parecen no tener un techo y seguir subiendo sin un límite aparente. Desde joven se ha dedicado a los negocios con llamativo éxito: egresado de la UNAM con el título de ingeniero, abordó el sector inmobiliario y de bienes raíces; también compraba pequeñas empresas que hacía “mágicamente” progresar, y poco a poco fue diversificando las actividades de sus negocios, en particular hacia rubros con alto grado de tecnología como computación y posteriormente telecomunicaciones.

Su notoriedad se incrementó cuando a fines de 1990 adquirió la empresa de telefonía mexicana Telmex. Esa era la única compañía de telefonía fija en el país y hasta entonces administrada por el Estado. Esta operación coincidió con el comienzo de una época de privatizaciones en América Latina; las medidas liberales sugeridas por el Consenso de Washington se vieron reflejadas en la venta de empresas públicas también en ese país. A pesar de que varios conglomerados extranjeros ofrecieron más dinero por Telmex, uno de los requerimientos determinantes era que la propiedad mayoritaria quedara en manos mexicanas. Lo que el gobierno de ese momento no vio –o no quiso ver– es que un monopolio privado, aún en manos locales, dista mucho de uno estatal, donde se supone que el objetivo principal es brindar un servicio a los ciudadanos y no la rentabilidad, como en el caso de una empresa privada, que la va a perseguir a toda costa. Así, la privatización sin competencia no sólo lleva a que el Estado pierda ingresos futuros (en especial si la empresa se vende a un menor valor del real, como se dice que sucedió con Telmex), sino a una pérdida de los consumidores, que se encuentran pagando tarifas más caras por el servicio que reciben y que no van a parar al Estado, sino a enriquecer una empresa particular. Y esto, parece ser, es lo que ocurrió con la telefonía en México.

Si bien a Slim se lo asocia principalmente con las telecomunicaciones, sus actividades se han extendido por los más diversos sectores, abarcando negocios en prácticamente todas las áreas económicas: el Grupo CARSO engloba un conjunto de empresas dedicadas desde la producción de conductores de corriente pasando por otras que producen aluminio y cobre, hasta las dedicadas a cerámicas, ferroviaria y minería, tabaco, finanzas y seguros, comercio, entre otras. Entre las empresas que figuran en posesión del poderoso empresario se encuentran las siguientes: Telmex (telecomunicaciones), América Móvil (Telecomunicaciones), Sears (Tienda departamental), Saks Fifth Avenue (concesión en México de la tienda departamental), Telcel (telecomunicaciones), Dorian´s (tiendas), Inbursa (inversora bursátil), Televisa (televisión), entre otras. También ha incurrido en ambiciosos proyectos de infraestructura e ingeniería pesada, con la construcción de plataformas de perforación para Pemex y carreteras.

El poderoso empresario ha declarado en reiteradas oportunidades que no cree que la beneficencia sea una buena herramienta para el desarrollo. Sin embargo, realiza numerosos actos benéficos principalmente a través de sus fundaciones CARSO y Telmex y se observa que en los últimos meses este tipo de acciones se han incrementado. Según datos publicados por The Independent, a marzo de este año Telmex donó 95 mil bicicletas a niños pobres para que puedan trasladarse a sus escuelas, casi 70 mil anteojos y becas para 150 mil estudiantes universitarios. También se destacan las obras de restauración y mejoramiento de las calles y monumentos del centro histórico de la Ciudad de México.

Otras fuentes sostienen que su “plan benéfico” va mucho más allá y que Slim pondrá en marcha tres nuevas instituciones de beneficencia, dirigidas a la educación, el cuidado de la salud y la recreación para los más pobres. Parece ser que para este propósito el magnate dispondrá de nada menos que de 6.000 millones de dólares de su fortuna, a través de sus fundaciones.

Todo este arsenal de obras benéficas ha despertado sospechas entre los más escépticos, que opinan que la beneficencia está siendo utilizada por Slim como una herramienta para mejorar su imagen ante la opinión pública y evitar presiones contra la desmonopolización de sectores en los que actúa, especialmente la telefonía. Es que la multiplicación de los millones de Slim tiene relación directa con su poder de mercado. Las empresas del grupo controlan el 75% de las llamadas de larga distancia, nada menos que 95% de las de líneas fijas, y en relación a la telefonía celular, luego de la adquisición de Telcel, controla el 79% de dicho mercado, además de Internet y otros servicios. Las tarifas que pagan los clientes de las empresas de Slim son las más altas entre los 30 países que componen la OCDE.

Entonces no sólo se trata de que Slim Helu sea brillante en los negocios: buena parte de tal fortuna se deriva de que los mexicanos no tienen más remedio que pagar altos precios por los servicios de telefonía que utilizan (si bien las empresas de Slim se han extendido en numerosos países y mercados, el mexicano es el que le reporta los mayores ingresos y rentabilidad). Muchos protestan y argumentan que en vez de realizar determinadas obras benéficas, el magnate podría aplicar el criterio de reducir los precios de los servicios que prestan sus empresas. Sin embargo, esto no parece ser una opción por ahora. Con el lema de la creación de puestos de trabajo en sus variadas y numerosas empresas que no paran de expandirse, y por otro lado las obras benéficas, el empresario evade la situación que se le reprocha.

Algunas cifras ilustran la capacidad de hacer dinero de sus empresas y como día tras día aumenta la concentración de este multimillonario latinoamericano: se calcula que gana 17 millones de dólares al día; América Móvil es la quinta empresa por valor bursátil en el mundo; su fortuna podría pagar la deuda externa del sector público mexicano; sus empresas pagan más de 5.000 millones de dólares de impuestos y representan el 43% de las operaciones de la Bolsa Mexicana de Valores.

Todos estos datos contrastan crudamente con los de pobreza y desigualdad que sigue manteniendo la región. En promedio simple, en América Latina sucede que el 40% más pobre de la población se queda con apenas el 13,97% del ingreso generado en la región. Este 40% más pobre coincide con el 40% de la población que encontramos que vive por debajo de la línea de pobreza. Significa que el menos de 14% del ingreso que se apropia este enorme contingente de personas hace que no solo este grupo sea “el 40% relativamente más pobre”, sino que todos ellos se encuentren en una situación tal que no puedan siquiera satisfacer sus necesidades básicas. Mientras tanto, al hombre más rico del planeta, no le importa el qué dirán.

P. Visca es analista en temas económicos en CLAES D3E. Publicado en el semanario Peripecias nº 57 el 18 de mayo de 2007.