Economía social y solidaria: una economía para las personas

EconomiaSolidariapor Elena Novillo Martín – El concepto de Economía Social y Solidaria (ESS) abarca una diversidad de experiencias prácticas que pretenden dar respuesta a los graves problemas de desigualdad que el sistema genera y que han ido tejiendo una red de iniciativas que, juntas, constituyen otra visión de la economía.

Tomando la definición que se obtiene de cualquier manual de economía básica, que explica ésta como “la ciencia social que estudia los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, para satisfacer las necesidades humanas”, la ESS pone en el centro de la economía el bienestar de las personas, situando los recursos, la riqueza, la producción y el consumo como meros medios para alcanzar tal fin.

Si bien han existido prácticas de economía social a lo largo de toda la historia de la humanidad (comunidades de apoyo mutuo, relaciones de trueque, etc.), las raíces y los orígenes del concepto de Economía Social tal y como lo conocemos en la actualidad se encuentran en las grandes corrientes ideológicas del siglo XIX, tanto en la tradición social-cristiana como en la socialista de autoorganización y autogestión de la clase obrera, en las que se designaban las nuevas formas de organización creadas por los trabajadores tales como cooperativas, asociaciones obreras y mutualidades de seguros, de ahorro y de crédito.

Este tipo de organizaciones surgieron con el objetivo de dar respuesta a las carencias y necesidades de una parte de la población que no eran satisfechas por el mercado ni por el Estado. Sin embargo, también incorporaban una dimensión de carácter socio-cultural, como es la pertenencia a un grupo con una identidad colectiva y un destino común.

Durante el periodo de expansión de posguerra, después de 1945, la economía social evolucionó en consonancia con las características del régimen de acumulación fordista vigente en la época, observándose una pérdida de dimensión política en favor de otras consideraciones que fueron ganando más relevancia, como los aspectos relacionados con la competitividad y la eficiencia económica, llegando a poner en cuestión, en algunos casos, la aplicación de los valores en los que se sustentaba.

Es en los años setenta del pasado siglo cuando comienza a emerger la Economía Solidaria como un modelo económico con una visión global de transformación social, constituyendo una forma de combatir la pobreza, la desigualdad y la ausencia de respeto por el entorno.

A pesar de que, en muchas ocasiones, se usen indistintamente ambos conceptos, Economía Social o Economía Solidaria, no representan lo mismo, aunque avanzamos que la tendencia actual es la de usarlos de forma complementaria. También se usan otras denominaciones, como Economía Popular o Comunitaria, en países como Ecuador y Brasil, de larga trayectoria en estas prácticas económicas.

Se puede considerar a la Economía Social y Solidaria como un concepto integrador que aúna perspectivas de diferentes corrientes de la economía alternativa. Tanto el enfoque de las capacidades y del desarrollo humano sostenible como la economía feminista y la economía ecológica, como la mirada indígena del Buen Vivir, buscan poner a las personas y sus condiciones de vida en el centro del análisis y vincular los trabajos con la producción socialmente necesaria, con la satisfacción de las necesidades básicas, apostando por “otra economía más justa”.

A veces, la ESS es confundida con una economía exclusiva para los colectivos más vulnerables, pero en realidad la ESS es una opción para todas las personas y los proyectos deben ser viables y sostenibles desde el punto de vista técnico y económico. Conviene destacar que la ESS lleva consigo la puesta en práctica de unos determinados valores y principios éticos que aspiran a ser normativos. Así, la ESS pretende incorporar los valores universales que deben regir la sociedad y las relaciones entre las personas: equidad, justicia, fraternidad económica, solidaridad social, compromiso con el entorno y democracia directa1.

De la misma manera, esta base ideológica descrita incorpora rasgos esenciales compartidos, como unos sistemas de decisión y organización democráticos, voluntad de transparencia y equidad, empoderamiento de las personas, orientación ética de la actividad, primacía de la cooperación frente a la competencia, preocupación preferente por las personas y colectivos más necesitados, respeto medio-ambiental, focalización en la generación de empleo, atención destacada al entorno local y vocación de trabajo al servicio del bien común.

Es una voluntad de identidad y de movimiento compartido que tiene una manifestación muy clara en las múltiples plataformas, redes y espacios sociales comunes que, ya desde hace años, aunque de forma todavía incipiente y con diferente fortuna, están tratando de conformarse a todos los niveles (sectorial, local, regional, nacional e internacional).

Como señala Carlos Askunze, algunos gobiernos han asumido la institucionalización de la economía solidaria, comunitaria y/o popular, con gran tradición histórica e implantación en América Latina. Así, y aunque en diferentes grados, se reconoce la Economía Social Solidaria en textos constitucionales y legislativos, y se desarrollan estructuras ejecutivas para su promoción, como ocurre, por ejemplo, en los casos de Bolivia, Ecuador, Venezuela o Brasil. No en vano ha sido en países del Sur donde mayor desarrollo han tenido estas economías alternativas. Por una parte, como iniciativas populares de subsistencia frente a la marginación de los mercados; por otra, como expresión de alternativas de los movimientos sociales y los proyectos políticos críticos con la deriva capitalista.

En Europa la ESS también dispone de su espacio en el marco legislativo de algunos países, con mayor o menor aplicabilidad dependiendo de cada caso, y su objetivo se centra en el fomento de estas iniciativas. En este sentido, cabe destacar la legislación francesa, la española y el proyecto catalán cuyo reto principal es crear una normativa única para una realidad tan heterogénea.

Aunque una legislación centrada en la definición de realidades tan diversas puede llegar a encorsetar y restringir la innovación social de la propia ESS, sin duda, un ambiente político propicio puede también reforzar las condiciones que permitan salvaguardar la autonomía de la ESS con respecto al Estado.

Existen prácticas y herramientas de la Economía Social y Solidaria en todos los campos del ciclo económico, tanto en la producción como en la distribución, la financiación y el consumo. Algunas iniciativas están enmarcadas en formas jurídicas formalizadas, mientras que otras iniciativas se encuentran dentro de la economía informal, pero todas ellas comparten el espíritu y los valores descritos con anterioridad.

Como ejemplo de puesta en práctica de esta otra economía social y solidaria en su faceta más formalizada encontramos empresas de inserción social, mutualidades, cooperativas (destacando las de trabajo asociado) y asociaciones. Pero también existen iniciativas más informales, aunque no por ello de menor impacto social, como bien pueden ser los grupos de consumo (grupos autogestionados de consumidores que se organizan para comprar directamente a los productores locales productos alimenticios de producción ecológica, evitando intermediarios). Cabe destacar también la articulación de cada vez mayor número de monedas sociales, bancos de tiempo y mercados de trueques en los distintos territorios. Como ejemplos prácticos y con gran desarrollo social podemos citar la moneda social Puma en Sevilla, el Boniato en Madrid y La Mora en la Sierra Norte de Madrid.

En el ámbito de los servicios financieros, existen proyectos de banca ética (Fiare), cooperativas de servicios financieros (Coop57), comunidades autofinanciadas basadas en la confianza y otras herramientas de financiación colectiva como son las numerosas plataformas de crowdfunding (Lánzanos, Verkami, Goteo, entre otras).

Las ventajas que la ESS produce en la sociedad son:

  • Creación de empleo decente: en la actualidad se estima, según datos del INE, que la Economía Solidaria emplea a 7.300 personas, habiendo aumentado en 400 desde los datos del 2008. Las personas que forman parte de las entidades o empresas no son única ni principalmente recursos o elementos del capital humano, sino que son justamente eso, personas que encierran enormes potencialidades. Aunque todavía las cifras de facturación de este segmento son modestas, han aumentado desde el año 2008 en un 52%, encontrándose en la actualidad alrededor de los 261 millones de euros.

 

  • Cohesión social: la propiedad colectiva de estas iniciativas y el elevado grado de participación fomentan que las personas integrantes de estas iniciativas encuentren en ellas unas relaciones igualitarias y justas, ya que forman parte de un mismo colectivo con intereses y necesidades comunes. Es importante el empoderamiento de las personas que participan en el proceso de toma de decisiones y en la ejecución de los proyectos, teniendo voz y voto, según unos criterios convenidos en cada iniciativa, contando con la opinión de cada integrante más allá de los meros criterios monetarios.

 

  • Flexibilidad frente a las condiciones de mercado: como señalan Iñigo Brandes y Fernando Sabín en su estudio sobre la resistencia de las microempresas cooperativas frente a la crisis, estas entidades pueden ser más flexibles en períodos de crisis desde el punto de vista laboral, ya que la participación en las decisiones económicas, laborales, estratégicas, etc. hace que los miembros de una cooperativa sean proclives a un ajuste salarial de forma colectiva y acordada en aras de reducir gastos, relegando el despido a la última de las opciones posibles. Según datos del INE y del Ministerio de Empleo, el 90,7 % de los puestos de trabajadores en las cooperativas en España se han mantenido desde el año 2008 que comenzó la crisis, frente al 80,4% de los asalariados del sector privado.

 

Una vez mostradas las particularidades de las iniciativas enmarcadas en la ESS, el contexto de crisis socioeconómica traslada ciertas dificultades y obstáculos y es el momento de valorar su proyección de futuro. En aras de facilitar la continuidad de este tipo de iniciativas y convertirlas en una realidad más conocida y practicada por un mayor número de personas y empresas, se recogen a continuación un conjunto de claves o retos de futuro:

  • Organizativos: la complejidad organizacional de las entidades que la conforman, así como las configuraciones de redes de redes constituyen un reto en el que la innovación productiva y social jugaría un importante papel para la sostenibilidad de estos sistemas tan complejos.

 

  • Constitución como actor político: Sería esencial que una entidad representante de la ESS, como por ejemplo REAS, se constituyera como actor político y fomentara el diálogo social con las instituciones que facilitase la articulación y puesta en práctica de medidas de apoyo en la creación y consolidación de las entidades de la ESS que, en muchas ocasiones, son incipientes y muy débiles.

 

  • Promoción de la intercooperación: En un sentido amplio, se podría definir la intercooperación como una forma de relación entre dos o más entidades (empresas, personas jurídicas o clientes) para colaborar entre ellas. Pero, si profundizamos en las motivaciones para intercooperar, encontramos que estas pueden ser de distinta índole, siendo fundamentalmente socio-políticas o económico-empresariales. Colaborar es, por tanto, uno de los principios básicos de estas entidades y uno de los factores que hace aumentar su supervivencia, por lo que la tendencia actual debe ser continuar trabajando en colectivo y tejiendo diversas redes.

 

  • Mayor difusión: Existe un descontento generalizado con el sistema económico actual y un gran sector de la ciudadanía no conoce las alternativas que se ofrecen desde la ESS. Por ello, es necesario dar a conocer a un mayor número de personas la existencia de estas iniciativas para que puedan sumarse a ellas y las promuevan.

 

  • Encontrar mecanismos prácticos para evitar el intrusismo de entidades que, disfrazadas con elementos aparentemente solidarios, realmente no cumplen de base con los valores de la ESS. Esto se conseguiría a través de la puesta en práctica de Balances y Auditorías Sociales que ya se están articulando desde diferentes movimientos, como los Mercados Sociales existentes a lo largo del territorio español o la Economía del Bien Común de Christian Felber.

 

En conclusión, se observa que cada vez existen más opciones para vivir (consumir, intercambiar, relacionarse, participar…) con criterios éticos y alternativos a los propuestos. Sería recomendable, por tanto, potenciar la difusión de las ventajas que proporcionaría el fomento de la Economía Social y Solidaria. Construir y multiplicar prácticas de la ESS en el ámbito de la actividad económica nos lleva hacia un sistema económico más solidario, equitativo y sostenible.

 

Notas

1 Ver, por ejemplo, la Carta de Principios de la Economía Solidaria de REAS.

Bibliografía

Askunze, C., Empresas de Economía Solidaria, REAS Euskadi.

Askunze, C. (2013), Más allá del capitalismo: alternativas desde la Economía Solidaria”, Documentación Social, nº 168

Coraggio, J. L. (2011), Economía Social y Solidaria. El trabajo antes que el capital, Ediciones Abya-Yala, Quito-Ecuador.

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Estivil, Jordi (2014): La propuesta de Ley de la Economía Social y Solidaria en Catalunya avanza en Portal de Economía Solidaria.

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Jubeto, Yolanda; Luis Guridi y Maite Fernández-Villa (eds.) (2014), Diálogos sobre Economía Social y Solidaria en Ecuador: Encuentros y desencuentros con las propuestas para otra economía. Instituto Hegoa, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitate.

Moreno, José Ángel (Economistas sin Fronteras) (2014), Semillas de economía alternativa: ¿construyendo otro mundo?, en Mediterráneo Económico, Vol. 26.

OIT (2011): Economía social y solidaria: Nuestro camino común hacia el Trabajo Decente, Documento de trabajo, en respaldo a la segunda edición de la Academia sobre Economía Social y Solidaria, del 24 al 28 de octubre de 2011, Montreal, Canadá.

Pérez de Mendiguren, J. C., Etxezarreta, E. y Guridi, L. (2009), Economía Social, Empresa Social y Economía Solidaria: diferentes conceptos para un mismo debate, Papeles de Economía Solidaria, nº 1.

REAS-Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria: Portal de Economía Solidaria.

 

Publicado originalmente en Revista Economistas No 22, setiembre 2015 (España). Reproducido delportal de Economistas sin Fronteras (aquí…).