Deuda pública argentina: mismo monto, distinta composición

por Paola Visca – La medida tomada por el gobierno argentino de pagar toda su deuda con el FMI fue recibida de muy distinta manera en la población, partidos políticos y analistas. Fuera del país también existe diversidad de opiniones.

El gobierno de Néstor Kirchner anunció en diciembre de 2005 que pagaría toda su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). A pesar de la importancia de la medida, la deuda total de Argentina se mantuvo en un volumen igual al de los meses anteriores, en el orden de los 124.000 millones de dólares (sin contar los 20.000 millones de aquellos acreedores que no ingresaron al canje de deuda que realizó Argentina en 2005).

Esto se debe a que para hacer efectivo ese pago el gobierno recurrió a las reservas del Banco Central. Ese banco otorgó el dinero mediante un préstamo que ascendió a más de 9.500 millones de dólares. A cambio, el Tesoro le hizo entrega de una Letra por el monto total a cobrar en 10 años. Se produjo un cambio de acreedor, de uno externo a uno interno, pero el monto de la deuda sigue siendo el mismo. Por otro lado, si bien es cierto que el país no tendrá que pagar intereses al organismo multilateral, los adeudará al Banco Central. Sin embargo, dichos intereses son por la mitad del valor de los vigentes en el organismo internacional. Para completar el monto necesario para pagarle al FMI Venezuela compró bonos por unos 500 millones de dólares. De esta manera Venezuela también es un acreedor de Argentina con bonos a un 9% anual.

Un interesante análisis de la situación de Argentina con el FMI a lo largo de los últimos cinco años (desde que se contrajo el grueso de la deuda con el organismo) revela que el país ha pagado casi 2.400 millones de dólares de intereses y 16.000 millones de vencimientos. Eso totaliza cerca de 18.400 millones de dólares por una deuda que hace cinco años atrás era de 14.000 millones. Y este monto hubiera sido aún mayor si el pago no se hubiera adelantado.

En la nueva situación, el BCRA se convierte en el principal acreedor del gobierno, ya que se le adeudan en total casi USD 14 mil millones, que representa un 11% de la deuda pública. Los reportes de prensa indican ciertos roces iniciales entre el presidente del Banco Central y el primer mandatario, frente a la medida tomada por este último. Tal vez se deba a que, con motivo de la decisión, las reservas del Central descendieron en más de un tercio, pasando de 28.045 millones de dólares a unos 18.475 millones, a lo que los titulares del BCRA reaccionaron afirmando que el banco continuará con la política de acumulación de divisas para fortalecer su posición. Sin embargo, la baja de reservas no constituye un problema grave, ya que el remanente permite cubrir la base monetaria en su totalidad.

Si bien la deuda global no se reduce, es importante observar que se produce un cambio de legislación, ya que la deuda pasará de ley extranjera a local. Esto es un cambio cualitativo importante, que va en el sentido de “libertad” al que se refieren los defensores del pago. El cambio de composición trae como consecuencia que los organismos multilaterales pasen de ser acreedores de más de un 20% de la deuda a un 13,5%; la deuda actual con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) asciende a 16.000 millones de dólares. Como contrapartida, la proporción de los títulos públicos aumenta notoriamente en el total adeudado (86,5%). Queda por reestructurar todavía la deuda con el Club de París, unos 6.800 millones de dólares y unos 20.000 millones que quedaron fuera del canje.

La medida tomada por el Ejecutivo fue recibida de muy distinta manera en la población, partidos políticos y analistas. Algunos lo consideran un paso muy positivo, mientras que otros la han cuestionado. Se ha insistido en resaltar el efecto político de una decisión como ésta, que, según palabras del propio presidente Kirchner, dará más autonomía para implementar futuras medidas de política económica.

Fuera de Argentina también existe diversidad de opiniones. Los economistas clásicos advierten que puede desencadenarse un aumento excesivo del gasto público y recuerdan que el país deberá recurrir a los mercados internacionales de créditos donde las tasas de interés son más altas. Otros sostienen que de todas maneras persistirán las evaluaciones periódicas del FMI, ya que Argentina mantiene su membresía al organismo (el vocero del FMI, Thomas Dawson, afirmó que la entidad seguirá opinando sobre la marcha de la economía en el país) y que a fin de cuentas ese pago por adelantado convirtió al FMI en un acreedor privilegiado. Sea por un camino o por otro, muchos parecen aceptar que salir del FMI cuesta caro.

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P. Visca es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología, Equidad – América Latina).