¿Los mercados financieros en la cuerda floja?

por Paola Visca – En las últimas semanas los mercados financieros internacionales estuvieron bajo una tremenda tensión a causa de la crisis originada en los créditos hipotecarios de alto riesgo en EE.UU. El mundo está a la expectativa de lo que suceda en los grandes centros financieros en las próximas horas, ya que las consecuencias de este fenómeno podrían desembocar en una crisis y recesión a nivel mundial.

Como ya es de amplio conocimiento, el presente caos financiero internacional tuvo su origen en el desplome del mercado hipotecario “subprime” (sector hipotecario de baja calificación de EE.UU.). Desde hace años el mercado inmobiliario está teniendo en ese país un extraordinario crecimiento, basado fuertemente en créditos hipotecarios otorgados a agentes que no necesariamente tenían buenas características o antecedentes como pagadores. El hecho de que la tasa de interés se ubicara hasta 2005 en cifras por debajo del 2% alimentaba este fenómeno expansionario. La dinámica de los mercados financieros se encargó del resto: el ciclo continuó con el desarrollo de instrumentos financieros en base a los créditos hipotecarios que se intercambiaron en los mercados, generando una cadena de prestatarios e inversores, sin tomar en cuenta una vez más, las verdaderas posibilidades de pago de las garantías. Este “riesgo moral” desembocó en que, una vez que las tasas subieron, los deudores se vieron imposibilitados de asumir sus obligaciones, resultando en un efecto dominó que rápidamente se contagió al resto del mundo. Dada la interrelación del sistema financiero con el resto de los mercados de la economía, los riesgos de una debacle económica eran (y siguen siendo) bastante serios.

La respuesta de los países más poderosos ante el riesgo inminente no se ha hecho esperar: en sucesivos intentos por evitar el desplome de los principales mercados financieros que podría desembocar en una recesión generalizada, las economías de la Unión Europea (UE) además del propio EE.UU., han inyectado miles de millones de euros y dólares a los sistemas financieros proveyéndolos de liquidez: se dice que en las últimas semanas la Reserva Federal de EE.UU. (FED) volcó más de 100.000 millones de dólares, mientras el Banco Central Europeo hizo lo propio inyectando la elevadísima cifra de 200.000 millones de euros. En Asia, por su parte, se calcula que Japón insertó una cifra equivalente a 5.200 millones de euros. Es así como la situación inicial de pánico por la caída de los mercados financieros dio paso a una sensación de incertidumbre y cautela, cuando se produjeron los grandes desembolsos de los bancos centrales de varios países. La pregunta que todos se formulan es si dichas acciones tomadas para paliar el riesgo de crisis serán suficientes.

Como era de esperarse, las críticas se abalanzaron sobre la primera potencia mundial. El gobierno de los EE.UU. “se refugia” responsabilizando de la situación tanto a las instituciones otorgadoras de crédito como a las calificadoras de riesgo, y en última instancia a los entes reguladores. Las calificadoras, en especial las más poderosas y conocidas como Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch, deberían haberse dado cuenta de lo que estaba sucediendo y por lo tanto del riesgo involucrado en los papeles transados en los mercados. Al respecto la opinión es unánime: al verificar el riesgo involucrado en las operaciones financieras de las hipotecas, no deberían haber dejado que se llegara a la situación crítica que atraviesan los mercados hoy en día. El senador republicano Richard Shelby dijo tener especial interés por el potencial conflicto derivado de que los honorarios de las calificadoras sean abonados por las entidades a las que evalúan. Esto que ahora parece tan obvio, no lo fue tanto para el organismo regulador en el momento en que todavía se podía evitar la crisis. El simple y llano sentido común alerta sobre los riesgos que puede presentar una situación como esa: que el evaluado pague gran parte del ingreso del evaluador. Algunos incluso ya especulan con la desaparición de estas instituciones calificadoras, producto de la mala reputación que les generó “la ola de terror” en los mercados financieros.

Si bien las instituciones calificadoras tienen gran responsabilidad en el devenir de los acontecimientos, hay una falta clara, negligente de parte de los mecanismos e instituciones reguladoras de la actividad financiera en ese país, que ha sido minimizada. En última instancia, estos son los organismos responsables de indicar cuando se está transitando por un camino demasiado riesgoso y que deben decidir las acciones correctivas necesarias para evitar crisis como la actual. Sin embargo, y a pesar de lo anterior, el senador Shelby, en medio de las explicaciones del caos generado, se preocupó de resaltar que hay que evitar las tentaciones de una mayor regulación.

Impactos en América Latina

Como era de esperarse, los coletazos de la frágil situación financiera en los EE.UU. se manifestaron en estas latitudes, tal como lo hicieron a lo largo y ancho del resto mundo. Los mercados emergentes, y los latinoamericanos en particular, sintieron el efecto de los “subprime”, con movimientos generales a la baja en las bolsas de la región como la de Buenos Aires, San Pablo o México. Sin embargo, en las últimas semanas no hay una tendencia clara de dichos mercados, y lo más notorio son las oscilaciones al alza y a la baja que diariamente se producen, dependiendo en especial de los anuncios de la FED.

La crisis estadounidense ha producido en general, el efecto llamado “fly to quality”, donde los inversores huyen de los bonos de países más riesgosos (en este caso serían los latinoamericanos) para refugiarse en los más seguros (los de países desarrollados y en particular los norteamericanos). Este proceso hace que disminuya el precio de los bonos de los países emergentes, al tiempo que sube el spread con los bonos “cero riesgo” de los EE.UU, registrándose subas del riesgo país y provocando un espiral adverso para la deuda de estos países. A su vez, los países menos desarrollados también recibirán el efecto de una menor liquidez internacional, lo que se va a complementar con una tasa de interés más alta. Irónicamente, se perjudican economías que son las que parecen tener los fundamentos relativamente más estables en este momento, mientras el mercado estadounidense se podría recuperar por este mismo efecto.

Las opiniones varían y dependen en gran medida de las expectativas del analista. No hay una posición unánime acerca de si estas turbulencias se calmarán en poco tiempo, o si por el contrario, tendrán efectos más duraderos, afectando no solo a los mercados financieros, sino también a la economía real. En particular, la región se recuperó la semana pasada a consecuencia de que la FED recortó su tasa de descuento en 50 puntos básicos, a un 5,75% como forma de intentar frenar los efectos que ha acarreado la tormenta financiera estadounidense. A pesar de lo anterior, esta semana los mercados abrieron con importantes dosis de cautela, ya que el problema de fondo no se ha solucionado y la aversión al riesgo sigue imperando en los mercados. Aunque la agencia Moody’s hace pocos días aumentó la calificación de Brasil a un paso del grado inversor, los temores por el desplome financiero siguen en pie, y los últimos días de agosto se presentan con tendencia a la baja en las bolsas regionales, incluida la de San Pablo. Esta situación se vio agravada cuando se dieron a conocer datos del mercado inmobiliario de EE.UU. que resultaron aún más frágiles de lo esperado.

En general, las autoridades y académicos de la región han puesto optimismo en las opiniones vertidas a los medios de comunicación, respecto a los efectos de la crisis hipotecaria estadounidense. En Chile, por ejemplo, el economista Sebastián Edwards sostuvo que su país está mejor preparado que en el pasado para afrontar shocks internacionales de este tipo: “hay en este momento uno o dos colchones importantes en términos de recursos. Uno es el colchón del Banco Central, con reservas internacionales bastante amplias, y el otro es el de la Tesorería (…) estamos más preparados, porque hoy tenemos un tipo de cambio flexible que permite amortiguar los distintos shocks externos”. Sin embargo, hay otros aspectos no menos delicados involucrados en esta situación, que tal vez no son tan visibles pero que algunos remarcan: la pérdida de miles de millones de dólares a través de las Administradoras de Pensiones (AFP). Según datos de CENDA de Chile, el 27 de julio los fondos de pensiones AFP de ese país llegaron a alcanzar más de 104.000 millones de dólares. Al 20 de agosto, las pérdidas superan los 7.000 millones, una cifra más que considerable y que amerita que se tomen decisiones y acciones al respecto.

En Venezuela, el titular del Ministerio de Planificación y Desarrollo, Jorge Giordani, sostuvo este mes que “nuestra economía está fundamentada en el petróleo, por lo que no afectaría en el corto plazo directamente”, refiriéndose a la crisis generada en los EE.UU. En México las opiniones son más cautelosas, fundamentalmente por la proximidad y dependencia de esa economía a la de EE.UU. Algunos sostienen que ciertos sectores de la industria mexicana podrían verse afectados por la volatilidad, y la consecuente disminución de la demanda proveniente del país del norte. A pesar de esto, se observa relativo optimismo respecto a las tasas de crecimiento que registrará el país en el año en curso.

En Argentina también hay cierto optimismo respecto al limitado alcance de la actual crisis financiera. Un informe de la consultora Abeceb.com confía en el desempeño de los productos de exportación de ese país, sosteniendo que los shocks que podrían afectar a la economía real más efectivamente serían los de precios en las commodities. Sin embargo, no puede perderse de vista que los inversores se han desprendido últimamente de los bonos argentinos, incluso antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Los analistas de ese país responsabilizan de este hecho a motivos más bien internos, como la aceleración de las presiones inflacionarias y los problemas de manipulación de las estadísticas oficiales, lo que ha disminuido la confianza de los mercados en los papeles argentinos y ha elevado el riesgo país en las últimas semanas.

Se observa que, a pesar de los movimientos bursátiles de la región, las preocupaciones fundamentales se centran en lo que sucederá con la demanda y precios de las materias primas y commodities que se exportan desde América Latina. Las visiones positivas expuestas más arriba tendrían como denominador común la relativa confianza en los productos de exportación. Aunque la crisis financiera podría desembocar en caída del consumo de los mercados desarrollados, especialmente EE.UU., muchos en América Latina confían en que se mantendrá el dinamismo de la demanda de los bienes exportables y por lo tanto la estabilidad de precios. Al menos esa es la sensación, cuando las señales de los países del norte van en el sentido de no escatimar al inyectar importantes cantidades de dinero al sistema, teniendo como prioridad mantener la actividad económica a buen ritmo. Sin embargo, no deben subestimarse los efectos a mediano plazo de esta crisis, ya que la incertidumbre es lo único seguro y la interrelación de los mercados es tan estrecha que la “independencia” de la economía real ante las turbulencias financieras es más que frágil. Ya se han producido movimientos a la baja de algunos productos agrícolas, especialmente los granos. Lo importante es que sucederá con la tendencia de dichos precios de ahora en más.

Aunque la presente crisis financiera se generó en los EE.UU., los países emergentes deberán afrontar parte de los costos, asumiéndolos a través de pérdida de valor de sus papeles y de aumento del riesgo país, el que irónicamente es determinado por las mismas agencias que no supieron ver el riesgo involucrado en el mercado subprime de los EE.UU. En el juego de transacciones financieras, los mercados premian los papeles del país que ha demostrado que el “riesgo cero” no existe, ya que dentro de su economía existen miles de deudores que no pudieron honrar sus compromisos. Dadas la dinámica y especificidades de los mercados financieros internacionales, son los países menos desarrollados los que se enfrentan a posibles problemas de deuda, a pesar de que la mayoría de los especialistas coincide en que los fundamentos de las economías en desarrollo, y en particular los de América Latina, son más sólidos que en el pasado y tal vez sea este factor el que les permita sortear la inestabilidad actual.

P. Visca es analista en temas económicos en CLAES D3E. Publicado en el semanario Peripecias Nº 63 el 29 de agosto de 2007.